En la comarca de La Sagra, donde el monocultivo ha arrasado gran parte de la biodiversidad y ha alterado los ciclos hídricos, las charcas impermeabilizadas que se han creado en las inmediaciones de Fieb están demostrando ser una solución vital. Estas infraestructuras no solo almacenan agua durante la temporada de lluvias (como la actual), sino que, gracias a su impermeabilización, garantizan que el caudal no se pierda por infiltración en suelos secos o degradados. Su función va más allá del almacenamiento: ayudan a mantener un nivel hídrico constante que beneficia al equilibrio del ecosistema.

Además, estas charcas cumplen un papel esencial como corredores ecológicos, facilitando la supervivencia de fauna y flora autóctonas en una zona fuertemente impactada por la actividad agrícola intensiva. En un territorio donde el agua ha sido históricamente un recurso escaso y mal gestionado, asegurar su disponibilidad a lo largo del año es clave para la recuperación ambiental y la resiliencia frente a futuros periodos de sequía. El mantenimiento de estos pequeños reservorios no es solo una medida de conservación; es una inversión en el futuro hídrico y ecológico de La Sagra.

La creación y cuidado de estas masas de agua son el resultado de una visión integral que prioriza la adaptación climática y la restauración natural. Este modelo de gestión hídrica puede servir como referencia para otras regiones con desafíos similares, demostrando que es posible revertir la degradación del territorio con infraestructura verde bien planificada

Este proyecto tiene como objetivo recuperar el equilibrio ecológico en entornos semiáridos como La Sagra. Ha sido financiado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, pero no expresa la opinión del mismo.


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